
Vicente Martín y Soler, una de las figuras más relevantes de la historia de la música clásica española, nació en Valencia y se formó musicalmente en Italia.
Su prestigio como compositor creció en la corte española de Carlos IV; pero fue en Viena donde alcanzó un éxito y un reconocimiento que, eventualmente, estuvo por encima del de Wolfgang Amadeus Mozart.
Compuso más de treinta óperas y una veintena de ballets. Sus obras se interpretaron en los mejores teatros de la época: San Carlo de Nápoles, el Burgtheater de Viena, el Ermitage de San Petersburgo, el King’s Theatre de Londres; y para él trabajaron los mejores libretistas y cantantes del momento…
En 1788, la Emperatriz de Rusia, Catalina II le hizo una oferta que él no pudo rechazar y el dinero lo trajo a Rusia para ser compositor de la corte. Durante dieciocho años desarrolló su actividad artística y docente en San Petersburgo, donde murió en 1806.
El Cementerio Luterano de Smolensk en San Petersburgo está en las profundidades de Vasilievski Óstrov, donde Pedro I inicialmente pensó en situar el centro de su monumental capital. Hoy esta isla del Neva es un lugar secundario y sus edificios son solo bellos ecos destartalados de un pasado más vital.
La entrada es franca. Los arcos laterales carecen de puertas y la verja principal está atrancada, parcialmente abierta. Según las referencias la tumba de Vicente Martín y Soler está aquí: los documentos históricos así lo indican y, además, en esa época, en los albores del siglo XIX, era costumbre enterrar en este lugar a los extranjeros de fe cristiana no ortodoxa.
Aire de abandono. El cementerio no es excesivamente grande. Está rodeado por una sucesión de vallas metálicas, garajes de chapa oxidada y trozos de muro de ladrillo a medio derruir. Tiene el aspecto de un pedazo de bosque olvidado en medio de una zona industrial decimonónica, con muchos árboles, sin podar y con varias ramas rotas.
Hay cientos de sepulcros repartidos desordenadamente, literalmente derramados por un terreno ondulado de montículos y socavones, en el que la separación entre las tumbas es casi inexistente o está muy difuminada. Las lápidas y los pequeños monumentos funerarios están muy deteriorados, ladeados y parcialmente cubiertos por tierra. Muchas cruces en el suelo. La mayoría de los panteones familiares antiguos, los hechos de piedra, se han convertido en ruinas reventadas por dentro, mientras que los de metal se caen a trozos carcomidos por el orín. Los furtivos copos de nieve, la mortecina luz del invierno en San Petersburgo y la soledad del lugar provocan una tristeza infinita.
La tierra demasiado blanda, los hierbajos enmarañados sin limpiar y una orografía de bombardeo dificultan los pasos orientados a una búsqueda de los restos de Vicente Martín y Soler al amparo del azar de un tiro al aire. Conscientemente en vano…
“Si no se conoce el emplazamiento exacto de la tumba, es imposible encontrarla. Incluso puede uno tropezar con una un día y al otro haber perdido el rastro para siempre. No existe el orden en este lugar, ya no existe. Las tablillas con la numeración se las ha llevado el tiempo y la desidia de la administración del cementerio”.
Un señor mayor, gorrita calada y barba larga y blanca surge de repente desde la única avenida transitable del camposanto para interrumpir la inútil búsqueda. El viejecito resulta ser un experto y sus comentarios denotan una formación histórica más que sólida. No obstante, la mención del músico valenciano le coge desprevenido: desconoce su existencia y, por ende, la ubicación de sus restos:
—El Ayuntamiento de San Petersburgo tiene prevista una reconstrucción del recinto. Los trabajos tenían que haberse hecho este año pero hasta ahora solo han adecentado las vías de acceso hasta las tumbas de los personajes de relumbrón, como el hermano de Alfred Nobel y el español José Pascual de Ribas, Almirante de la flota rusa en tiempos de Catalina II y fundador de la ciudad de Odessa. Lo demás está dejado de la mano de Dios, no hay inversión ni cuidado por parte de la administración del Cementerio Ortodoxo Smolenska que está ahí al lado y que es el que se encarga de la gestión de éste. La desidia con la que se trata este lugar es escandalosa. Lo más curioso es que no estamos hablando de un monumento histórico-artístico sino un cementerio en activo, donde se continúa sepultando a gente y que, solo por eso, debería tener un mejor cuidado.
Hay indicios de que el sepulcro de Vicente Martín y Soler fue hallado en 1990 tras largos años de haber permanecido extraviado. Hace unos meses un visitante comunicó haberse tropezado con él, denunciando un estado de conservación lamentable.
¿La remota posibilidad de bucear en los millones de registros del Archivo General de los Cementerios de San Petersburgo? ¿Intentar encontrar a la persona que recuperó la tumba en 1990? ¿Contactar con quién la vio por última vez para que oriente los pasos hacia el sector del cementerio donde supuestamente esta sepultado el músico valenciano? Lo más razonable parece alertar al Ayuntamiento de San Petersburgo y a las brigadas que vayan a llevar a cabo los trabajos de restauración y confiar en la suerte.
“Continúe con las pesquisas, pero es complicado. Desde 1990 ha pasado mucho tiempo… incluso solo unos meses pueden ser mucho tiempo ¿ha visto usted al entrar una tienda donde hacen lápidas? Pues bien, vienen a veces al cementerio y cogen las losas antiguas, aquellas de buena calidad y que seguro que nadie va a reclamar, las pulen, les cambian el nombre y las venden a buen precio…Ese Martín y Soler debió ser un hombre conocido y su tumba no sería pobre… Bueno, este tipo de saqueo no es nuevo, se viene realizando desde el inicio del comunismo, cuando comenzó la decadencia de este lugar, cuando lo quisieron quitar por vetusto, para construir viviendas para el proletariado… ¿Cuantas losas hay hoy en día en forma de mesas, paredes, pavimentos de las casas de campo? ni se sabe…“
Las penumbras del anochecer comienzan a diluir la silueta del viejo, las lápidas, los mausoleos y, finalmente, ya cerca de la salida, solo quedan el silencio, el desaliñado desamparo del lugar y el frío húmedo de San Petersburgo. Vicente Martín y Soler nació a la intensa luz de Valencia y disfrutó del éxito en la brillante corte vienesa; hombre conocido y popular, a quién el transcurrir del tiempo ha llevado a reposar extraviado, olvidado entre tumbas de gente absolutamente anónima.
Hoy, a la espera de que sus restos vuelvan a aparecer, su tumba es el mismo Cementerio Luterano de Smolensk, un sitio extraño y melancólico, un agujero negro de destinos donde los pasos postreros marchan al olvido.
Por: Juan García-Landete
Fuente: spanish.ruvr.ru
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