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Tucumán: Cementerio del oeste, colonial morada final

En esta necrópolis se encuentran inhumados cerca de 14 gobernadores y personalidades de la vida social, artística e industrial de Tucumán.

Hoy es uno de esos días de calor abrasador en Tucumán. Una vez más, recorro la avenida principal de este distinguido cementerio. Absorta en mis pensamientos, tropiezo con José Camelli, de baja estatura y mirada escrutadora , cálido en su trato cuando de improviso me encontré ante una “visita guiada”. “Este lugar es mi vida. Empecé cuidando autos en la puerta a los 8 años hasta que ingresé como personal independiente de mantenimiento”, señala con naturalidad. “Mi madre Elsa, entró también a los 9 años; hoy tiene 74 y no puede dejar de cuidar su centenar de mausoleos”.

Fachada Colonial del Cementerio del Oeste

Seguimos caminando. Llama mi atención un monumento que se encuentra abierto, subo sus escaleras y me encuentro con un cuadro de la Virgen del Valle, cariñosamente llamada “la Negrita”, que parece flotar en el cielo de sus paredes celestes. Está en el interior de la capilla de la familia Yricarte, le llevan flores y le encienden velas. “Es muy milagrosa”, sentencia José. Ya no quedan miembros de la familia que se ocupen de la misma, sin embargo un alma caritativa cuida de ella, la limpia y custodia como si fuera suya.

En los orígenes de la ciudad, durante el siglo XVI, el entierro de los difuntos se llevaba a cabo en un predio vecino a la Iglesia Matriz, usualmente cuando se trataba de vecinos principales, y en las adyacencias, lo hacía el resto de la población.

Con el correr del tiempo el lugar comenzó a quedar pequeño. Fue entonces cuando se decidió habilitar un enterratorio en la Capilla del Señor de la Paciencia, hoy conocido como Buen Pastor en adyacencias de Salta y Mendoza. En 1826 el general Gregorio Aráoz de Lamadrid destacó la necesidad de crear un cementerio público en “el lugar que fuera más oportuno”.

Entre 1854 y 1855, el entonces gobernador presbítero José María del Campo elabora un decreto con el fin de construir un nuevo cementerio en un lugar preferentemente distante de la traza de la ciudad.

Muy pronto acude a mi encuentro su administrador, don Víctor Delgado para continuar este atrapante recorrido. Ante mi pregunta sobre cuanto tiempo hace que trabaja en este lugar y cómo se siente en él, enfatiza en el hecho de “codearse todos los días con el dolor ajeno”, pero a pesar de ello considera indispensable “no perder la capacidad de asombro”, que demuestra claramente “que uno se encuentra vivo”.

El 13 de mayo de 1859, el gobernador Marcos Paz inicia su construcción en terrenos donados al oeste de la ciudad por el ex gobernador José Manuel Silva, en 1848. En su testamento destina, “dos cuadras cuadradas y la suma de doscientos pesos” para que fuera erigido, y debía contar con una capilla atendida por su capellán. Está ubicado a diez cuadras de la plaza Independencia y abarca una extensa área, conformando un conjunto entre cementerio, parque y plaza, de gran valor urbano. Para ello se efectuó el traslado de todos los restos desde la Capilla del Señor de la Paciencia hacia el nuevo lugar. El 13 de mayo de 1872, 13 años más tarde fue inaugurado oficialmente.

Óleo de la Virgen del Valle situado en la Capillla de la familia Yricarte.

Se desconoce con precisión la fecha en que se levantó el frontis de estilo neocolonial. Algunas crónicas de la época describen el descuido que reinaba por falta de presupuesto para su mantenimiento, dado que en ciertas oportunidades, la entrada no se podía ver por la altura de los matorrales. En esa época estaban prohibidas las misas de cuerpo presente y la administración estaba a cargo del jefe de policía.

A través de escalinatas se accede al hall, donde a la izquierda se encuentra la capilla, en cuyo centro destaca un crucifijo de estilo colonial y sencilla iluminación de hierro, mientras que a la derecha observamos los locales destinados a la administración.

Pronto concentra mi atención el monumento de la familia Muñoz Salvigni custodiado desde las alturas por la escultura de un magnífico ángel victorioso. El coronel Emidio Salvigni, italiano condecorado en las guerras napoleónicas, ingresó al Ejército del Norte y se convirtió en edecán del general Manuel Belgrano, acompañándolo hasta su muerte.

Siguiendo el recorrido, nos enfrentamos a la tumba de Benjamín Matienzo- López Alurralde, militar tucumano, que habiendo alcanzado el grado de teniente, ingresó en la escuela de Aviación Militar, de El Palomar, Buenos Aires. Murió intentado cruzar la cordillera de los Andes, debido al mal tiempo reinante en la ruta de vuelo. Sus restos fueron hallados en noviembre de 1919 a 4000 metros de altura. El Aeropuerto Internacional de Tucumán, lleva su nombre.

Otro ilustre huésped de este cementerio es el doctor Raúl Colombres, nacido en esta ciudad el 27 de septiembre de 1884 y fallecido el 16 de enero de 1920. Fue médico al tiempo que militaba activamente en el Partido Conservador. Fue elegido diputado, aprobándose en su gestión, leyes como la enseñanza obligatoria de Puericultura en las escuelas. Acérrimo propulsor de la fundación del Partido Liberal, murió en plena juventud, cuando su partido se aprestaba a postularlo como candidato a gobernador de Tucumán. Destaca en su tumba la escultura “El Ariel caído”, obra del escultor José Fioravanti, de inspiración griega, es la madre tierra que recibe a su hijo en brazos.

Mausoleo del Dr. Ignacio Colombres

Llegamos al monumento del doctor Ignacio Colombres, quien participó en la revolución de 1887, a causa de la oposición ejercida por el entonces gobernador Juan Posse a la política del presidente Juárez Celman. Estando en un Tedeum en la Iglesia Catedral, el doctor Colombres detectó a las tropas de Juárez Celman que invadieron la provincia, con el fin de derrocar al gobierno de Posse. Rápidamente se dirigió a la Casa de Gobierno, resistiendo allí durante todo el día. Murió a los 28 años a causa de una neumonía.

Se observa la escultura “El Dolor” realizada por argentino Francisco Cafferata, considerado el primer escultor de nuestro país. Muy joven a los 29 años, decide terminar con su vida. A los pies resalta una frase escrita en griego del célebre poeta lírico Píndaro rezando: “El joven valeroso muere pero es inmortal”. Fue encargada por el presidente de la Nación Máximo Marcelo Torcuato de Alvear, para ser expuesta en Tucumán. La familia Colombres la compró en subasta pública para homenajear a su hijo.

Junto al doctor Ignacio Colombres se sitúa la tumba del doctor Ernesto E. Padilla Nougués (1873-1951), abogado, político e intelectual argentino nacido en Tucumán y perteneciente a la “Generación del Centenario”. Durante su gobernación se realizaron obras viales de gran envergadura, se fundó la Caja Popular de Ahorros, se concretó el proyecto de creación de la Universidad Nacional de Tucumán, se diseñaron parques, jardines y monumentos¸ cumpliendo con creces las promesas anunciadas durante su campaña.

Continuamos con el recorrido y nos encontramos con la tumba del dos veces gobernador Lucas Córdoba (1895-1898) (1898-1901). Durante su mandato se colocó la piedra basal para la construcción del dique El Cadillal; fue gran impulsor de las obras de irrigación de la provincia, acrecentó la construcción de escuelas y se duplicó el número de estudiantes. La escultura de fondo es obra de Arturo Dresco, realizada en mármol de Carrara, donde la mujer simboliza la agricultura, y el hombre la industria azucarera. Como sobrerelieve resalta el dique La Aguadita.

Tumba de la famosa escultora Lola Mora

La tumba de la escultora Lola Mora (1867-1936) se destaca por una estatua de grandes dimensiones que representa un ángel cargando una cruz. Autora de grandes obras como “La Fuente de las Nereidas” (Buenos Aires), el Monumento a Juan Bautista Alberdi, La Libertad, los sobre relieves situados en el patio trasero de la Casa Histórica y en el Monumento a la Bandera (Rosario). Sus restos fueron repatriados en el año 2001.

En esta necrópolis se encuentran inhumados cerca de 14 gobernadores y personalidades de la vida social, artística e industrial de Tucumán.

Entre los monumentos destacados podemos citar a los pertenecientes a las familias Vera, Mena, Soldati, Correa, Helguera, Padilla, Bernasconi, De la Vega, Gallo, Avellaneda, Aráoz, Etchecopar, Mantegazza, Posse, Sortheix, Gutiérrez, Heller, Paz y Martínez de Lima, entre muchísimos otros.

Al entrevistarme con su Directora, Alicia Belmonte, relata con pasión que, al asumir su cargo, el edificio se encontraba en muy mal estado. Basada en el concepto de que los cementerios deben ser concebidos como Patrimonio Histórico, se abocaron conjuntamente con la Intendencia Capitalina a la recuperación de su antiguo esplendor; para lo cual se crea un departamento de Patrimonio Histórico, donde se diseñan las visitas guiadas; previa reconstrucción del edificio, capilla, techos y fachada, una vez por año, en vísperas de la celebración del Día de los Fieles Difuntos, se organiza la Visita guiada nocturna a través de la avenida principal, iluminando los monumentos sobre los que se centrará el acto. En el año 2005 fue declarado Patrimonio Histórico Provincial. Recientemente se elevaron a rango de Monumento Histórico Nacional y Patrimonio Vivo del Cementerio del Oeste, las tumbas de los gobernadores Silvano Bores, Pedro León Gallo, Lucas Córdoba y Domingo Martínez Muñecas, de la escultora Lola Mora y del doctor Ignacio Colombres.

Pausadamente, desciendo los escalones de la entrada, con la tranquilidad y seguridad del deber cumplido, aunque nada mitiga el dolor cuando rasga las cuerdas del alma.

Por: Carolina Mena Saravia

Fuente: elintransigente.com